Por Natanael de los Santos
En esta República Dominicana donde la institucionalidad muchas veces brilla por su ausencia, hay una verdad que no podemos ignorar: las instituciones no son edificios ni logos. Las hacen los hombres y mujeres que las dirigen. Son ellos, con su accionar diario, los que deciden si una entidad sirve al pueblo o sirve al clientelismo.
Tenemos ejemplos para todo. Altagracia Paulino convirtió a Pro Consumidor de una oficina fantasma en un escudo real para el ciudadano. Pasó del anonimato a defender derechos en un país acostumbrado a la cultura del engaño.
Otro ejemplo, más reciente y doloroso, fue el Plan San Juan. Hace un tiempo le dedicamos un artículo titulado "Plan San Juan: Crónica de un Fracaso". Y no nos equivocamos. Esa gestión se caracterizó por la ausencia de gerencia. Sirvió para dilapidar recursos y para pagar favores políticos.
Una entidad que debió ser el motor del arranque económico de la provincia se quedó en cheques, sin planificación y sin resultados. Y eso duele más, porque la visión del presidente Luis Abinader siempre fue clara: desarrollo integral y sostenible para el Valle de San Juan.
Pero las historias también se reescriben. Para ser justos, hay que reconocer cuando el rumbo cambia. Y el rumbo cambió. En poco tiempo, gracias a la visión del presidente de crear un Consejo de Desarrollo que le devolviera el norte a la institución y a la designación del licenciado Carlos Roa como su director, un sanjuanero de pura cepa, el Plan San Juan empezó a respirar de nuevo.
Carlos Roa no llegó a prometer; llegó a trabajar. Y a esa gestión sí se le puede exigir, se le puede llamar y se le puede confrontar, porque está aquí, dando la cara.
¿Qué ha hecho diferente esta nueva gestión?
1.Orden institucional: Creó las condiciones para que el Plan funcione como lo que es: una herramienta técnica, no una caja chica.
2.Articulación real: Dejó de regalar y empezó a conectar. Está uniendo al productor con el banco, al campo con la academia y al problema con la solución. Nada de donaciones, puro puente.
3.Gestión en el territorio: Escucha a la gente humilde de las comunidades. Se compromete con el seguimiento, no con la foto. Cada caso que duele tiene un responsable y una fecha, porque San Juan no necesita lástima, necesita oportunidades.
Plan San Juan pasó del derroche y la improvisación a la planificación. Con una nueva gerencia y una visión técnica y estratégica, la institución deja atrás el clientelismo para articular al productor, la banca y la academia.
Porque esta provincia, que ha sostenido la seguridad agroalimentaria del país por décadas, no puede seguir perdiendo población y representación por falta de apoyo.
Hoy el Plan San Juan vuelve a tener sentido, vuelve a tener gerente y vuelve a representar futuro. Enhorabuena. Ahora nos toca a todos trabajar por y para la provincia que alimenta al país.