Faltan dos semanas para que
vuelvan las clases y en miles de hogares dominicanos ya comenzó la misma
operación matemática de cada agosto: sumar matrícula, mensualidad, uniformes,
zapatos, libros, cuadernos, mochilas, transporte, meriendas y todo lo necesario
para mandar un hijo a la escuela.
Este año las cuentas aprietan
más. El 24 de agosto comenzará el año escolar 2026-2027 y más
de dos millones de estudiantes regresarán a las aulas. Lo harán con una
inflación interanual de 5.47 % en julio. Según la información del Banco
Central.
Y aquí aparece una vieja
conocida: la clase media. Durante años afirmamos que era el jamón
del sándwich. Creo que ya dejó de serlo. Ahora es la lechuga: está en el medio,
recibe presión por todos lados y cada día queda más fina.
Para quienes tienen hijos en
colegios privados, el problema comienza antes de comprar el primer cuaderno.
Hay aumentos de mensualidades, inscripción, transporte y otros servicios. Se
han documentado mensualidades que pasaron de RD$10,036 a RD$11,240,
un aumento de 12 %.
Entiendo que los colegios también
tienen costos. Pagan profesores, mantenimiento, energía, seguridad y servicios.
La pregunta válida es: ¿Hasta dónde se pueden trasladar esos aumentos a las
familias?
Porque la mensualidad no
llega sola. Llega junto con el supermercado, la vivienda, la electricidad,
el transporte, los seguros y todos los demás gastos. Cuando una familia tiene
que escoger entre necesidades, las cosas no andan bien.
Los útiles tampoco son gastos
pequeños. Una mochila, cuadernos, lápices, lapiceros, colores, reglas, zapatos
y uniformes suman bastante, sobre todo cuando hay dos o tres hijos.
El propio Estado reconoce ese
gran peso. El Inabie informó que la entrega de útiles y
uniformes representa un ahorro de entre RD$3,864 y RD$5,433 por estudiante y
beneficiará a más de 1.8 millones de alumnos del sistema público. Es una
política que ayuda y debe sostenerse.
Pero, ¿Qué pasa con quienes no
reciben esa ayuda? Ahí vuelve a aparecer la clase media. No califica para los
programas sociales, pero tampoco tiene ingresos para absorber sin dolor cada
aumento. Paga impuestos, colegio, vivienda, comida, transporte, electricidad,
seguros y luego enfrenta el regreso a clases.
No es pobre, pero tampoco es
rica. La pérdida no siempre comienza con caer en la pobreza. Empieza dejando de
ahorrar, eliminando vacaciones, posponiendo arreglos de la casa, reduciendo
actividades de los hijos o usando la tarjeta para cubrir gastos corrientes.
Desde Onpeco hemos
planteado durante años aliviar en agosto la carga tributaria de los artículos
escolares. Algunos productos, como cuadernos y lápices, ya están exentos de
ITBIS, pero otros, como uniformes y lapiceros, no lo están. Vale la pena
revisar esa política.
No se trata de regalar nada ni de
desconocer las necesidades fiscales. Se trata de reconocer que educar a un hijo
no es un lujo y que agosto concentra gastos extraordinarios en familias de
ingresos fijos. Una exención temporal para los artículos escolares que todavía
pagan ITBIS sería una ayuda dirigida precisamente a ese
momento del año.
Si el Estado ayuda a quienes
están abajo y quienes están arriba pueden pagar, debemos mirar a quienes
quedaron atrapados en el medio. La clase media ya no es el jamón. Es la
lechuga. Y la estamos aplastando.
Por: Altagracia Paulino